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"Tentador", "padre de la mentira", "homicida desde el principio", "príncipe de este mundo": así llama la Escritura al diablo (literalmente: el que divide, el que separa). Dios, en su Hijo Jesús, ha tomado sobre sí la absurda muerte que los hombres infligen a sus hermanos, para así conducir de nuevo a la humanidad hacia el fin para el que ha sido creada. Al haberse hecho "uno" con nuestros dolores el Resucitado ha dado sentido al "mal" que nos aflige, e impregna con su amor todas las consecuencias dolorosas del mal en el mundo.
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