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Entre las tantas enseñanzas de la vida de François-Xavier Nguyen Van Thuan, que como arzobispo de Saigón pasó trece años encarcelado, experimentando soledad y desolación, pero también la gracia de la presencia y del amor de Dios, llama la atención sobre todo esta invitación coherente, simple y al mismo tiempo solemne, a no cerrarle las puertas a la esperanza, sino, por el contrario, a cultivarla en uno mismo y a suscitarla alrededor. Una invitación de la cual él mismo se convirtió en testimonio ardiente y apasionado hasta el fin de sus días.
Los cien pensamientos aquí seleccionados contienen también una esperanza: la de ofrecer un retazo de cielo, una nostalgia de futuro, a través de las palabras de uno de sus testigos más creíbles y sinceros
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